Shigeo Fukuda, bromista visual

Diseñador y escultor, Shigeo Fukuda se destacó especialmente por sus carteles.

Nacido en Tokio, Japón en 1932, en su infancia quedaron grabadas las impresiones de la Segunda Guerra mundial y la derrota de su país. Es probable que esta experiencia haya formado el carácter de su obra, anti-belicista y socialmente crítica y reflexiva.

Admirador del estilo minimalista de la Escuela Suiza, se forma durante la posguerra en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio, donde se gradúa en el ‘56.

En Fukuda y sus carteles convergen las ilusiones ópticas de M.C. Escher, la influencia del origami (el arte japonés del plegado del papel para obtener formas de simples a extremadamente complejas) y los fundamentos principales de la Teoría Gestalt (el todo es más que las suma de las partes).

En su obra se evidencia la influencia de Takashi Kono (1906-1999), diseñador gráfico y maestro del cartel también japonés, quien lo precede.

En 1967, y por primera vez, se consagra al seleccionarse su trabajo como Cartel Oficial de la Exposición de Japón 70.

Cosechó una gran cantidad de distinciones internacionales a lo largo de su carrera, y recorrió varios países con sus exposiciones.

Sus carteles suelen utilizar paletas limitadas de colores fuertes y llamativos, grandes formas, y están plagadas de paradojas y sutilezas visuales. Utiliza en muchas ocasiones el color negro sobre fondos de colores vibrantes, con valores de línea muy importantes. Pocos elementos causando un enorme impacto. La sutileza, ausente en los trazos o la disposición (los pocos elementos que componen sus afiches suelen ser de gran tamaño con respecto a la pieza), radica en la construcción de la imagen. Siempre encontramos una broma visual. De hecho, una de sus exposiciones la tituló de esa manera: Bromista visual Shigeo Fukuda.

Logra un lenguaje universal, creando un lenguaje propio que atraviesa barreas culturales y lingüísticas.

Como escultor, y quizás inspirado por su entorno infantil familiar (es hijo de fabricantes de juguetes), sus piezas apelan al asombro más auténtico, más infantil en la mejor acepción del término, el más elogioso. Los materiales elegidos, los juegos de luces y sombras, interpelan al adulto y divierten al niño. Pocos artistas pueden llegar a semejante rango de edades y conmoverlos.

Para destacar, uno de sus trabajos más famosos, Almuerzo con casco. La obra, construida con cubiertos, de revela al proyectar luz sobre ella. Y es el resultado de la proyección, una motocicleta, el que causa el asombro y establece una nueva paradoja, ya que dicha proyección, al contrario de la escultura, no es un objeto dimensional a recorrer.

Se dedicó también a la docencia. Ejerció como profesor en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio, desde 1973 a 2002, y en el Departamento de Diseño Gráfico de la Universidad de Yale entre 1982 y 1984. También fue y profesor invitado en la Universidad del Sur de Yanqtze, China.

El trabajo de Fukuda evidencia su compromiso social y ético por encima de lo meramente comercial y publicitario. Cree en la responsabilidad social del comunicador. Pero nunca abandona el humor.

En una entrevista publicada en Idea Magazine Fukuda decía:

“Creo que en diseño es necesario un 30% de dignidad, un 20% de belleza y un 50% de absurdo”.

Fallece en 2009, víctima de un accidente cerebro-vascular. Pero su obra no pierde vigencia. Su legado es inmenso. 


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