Punk: never mind the bollocks

Punk: never mind the bollocks

A mediados de la década del 70 surge en Inglaterra un movimiento que viene relevar al sueño hippie. Basta de paz, amor y flores. El sueño terminó. No future (no hay futuro). Llegó el punk.

Never mind the bollocks, una suerte de “me chupa un huevo” versión inglesa, es una frase que caracteriza como ninguna la actitud de lo que terminó, sin querer, siendo un movimiento. 

Punk significa mocoso, basura, inútil. A mediados de los 70 Inglaterra pasa por una crisis de empleo, que impacta sobre todo en los jóvenes, quienes vagan por las calles sin dinero. El estado de bienestar, fuerte en los 60, se resquebraja y con él el tejido social. Los jóvenes se encuentran desempleados, desorientados y, sobre todo, desencantados. Y así lo expresan.

Baño del mítico ¿bar? ¿centro cultral? ¿ombligo del punk americano? CBGB de New York.

La estética que adquiere el movimiento es coherente con sus principios de anarquía y desesperanza, y se manifiesta en todo. La ropa se llena de roturas, tachas y cuero: basta de seguir la moda. Mucha de la ropa es rezago militar (y por eso es barata): camperas, bolsos, gabanes y borceguíes. Las cabezas se rapan de maneras creativas enfrentando a aquellos pelos largos de la etapa anterior. Aparecen las crestas y los piercings. Se instala el pogo violento, no más encendedores moviéndose con la cadencia de una balada. La música se vuelve primitiva y ruidosa, con letras directas y desafiantes.

Este movimiento tiene, por supuesto, su impacto en el diseño. Basta de letraset, aquellos tipos transferibles que fueron furor. Ahora los textos se obtienen cortando otras piezas gráficas: diarios, revistas, posters.

Aparece en la escena un personaje, un diseñador, asociado a Sex Pistols, banda emblema del movimiento. Se trata de Jamie Red, anarquista, seguidor del situacionismo francés, de Guy Debord y su Sociedad del espectáculo. Muestras de su impronta son las primeras tapas de la banda.

Jamie Red, hoy y ayer.

El diseño punk retoma el collage dadá, y vuela por los aires cualquier convención reticular (imaginamos llorando amargamente a Müller-Brockmann). Podemos rastrear el uso de la fotografía monocromática en las composiciones en el constructivismo ruso. Se trabaja con fotocopias, recortes, cola y tijera. Se reivindica al feísmo, ya visitado por el dadá, como estética: lo feo conmueve, lo feo produce rechazo, lo feo obliga a tomar posición. Lo feo, como corolario, no pasa desapercibido.

Jamie Red y una portada emblemática, considerada una de las mejores de la historia.

Del dadá también toman el concepto de sacar el arte de los museos y lo manifiestan en los nuevos murales que no, no son los de Siqueiros o Rivera: es el graffiti el que gana las calles.

Se instala la cultura del fanzine. Armados en forma artesanal, entre tijeras, cola y fotocopias, se convierten en el medio alternativo de comunicación por excelencia del movimiento, y surgen innumerables publicaciones de diseñadores anónimos.

Portada nº5 de “Sniffin Glue..” Noviembre 1976 // Portada nº2 de “Murder By Fanzine” 1983

Para buscar en la web, algunos artistas que marcaron al movimiento: Malcolm Garret (diseñador, UK), Raymond Pettibone (diseñador, USA), Linder Sterling (fotógrafo, UK), Barney Bubbles (diseñador, UK).

Neville Brody y David Carson le deben mucho, sin duda, a este movimiento. 


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Y te dejamos el link a un excelente artículo de Página/12, El pasado fotocopiado, sobre punk y los fanzines como publicaciones alternativas y disruptivas.