Dadaísmo. Activismo gráfico

Dadaísmo. Activismo gráfico

El movimiento dadaísta se desarrolló espontáneamente como un movimiento literario después de que el poeta Hugo Ball abriera el Cabaret Voltaire en Suiza, lugar de encuentro para artistas (poetas, pintores y músicos jóvenes independientes). Este lugar, que fue la cuna del movimiento Dadá, sería cerrado por las autoridades pocos meses después de su apertura.

El que guiaba el movimiento era un joven húngaro, Tristán Tzara (1896-1963), quien exploró la poesía fonética, la del absurdo y la fortuita. Escribió un torrente de manifiestos y contribuyó en las publicaciones y eventos dadaístas más importantes. Con su reacción contra el mundo que se había vuelto loco (primera guerra mundial), el dadaísmo afirmaba ser el anti-arte que poseía un fuerte elemento destructivo y negativo. Rechazando toda tradición, buscó la liberación total.

Pero, desde sus comienzos, el dadaísmo había pretendido ser “activista” y esto significaba un intento de sacudir el peso muerto de todas las antiguas tradiciones, sociales y artísticas, más que un intento positivo de crear un nuevo estilo en el arte.

 Libertad: DADA, DADA, DADA, aullido de colores encrespados, encuentro de todos los contrarios y de todas las contradicciones, de todo motivo grotesco, de toda incoherencia: LA VIDA.

Del Manifiesto DADA*, Escrito por Tristan Tzara y publicado en 1918 en el número 3 de la Revista DADA de Zurich.

*Primer manifiesto del movimiento dadaísta

Dadá combate el lenguaje convencional, Dadá quiere convencer al público de la naturaleza arbitraria de los signos y, de esta manera, liberarlo de un orden social criminal que ha conducido a la Guerra. A través, pues, de la deconstrucción de la función semántica de los signos, Dadá quiere trastocar y cambiar el mundo con un indudable carácter iconoclasta, nihilista, provocativo.

Para desmantelarlo, hay que producir nuevos signos o violar los códigos establecidos. Por eso también, Dadá rompe con las reglas de lo que es uno de los vehículos fundamentales del lenguaje en las sociedades occidentales: la tipografía.

Su rechazo del arte y la tradición permitió a los dadaístas enriquecer el vocabulario visual del futurismo. Su síntesis de acciones espontáneas al azar con decisiones planteadas permitió deshacerse de los preceptos tradicionales del diseño tipográfico.

Los dadaístas tomaron del futurismo la violencia del lenguaje, los conceptos de dinamismo y simultaneidad y el carácter polémico de los manifiestos. Como los futuristas, quisieron acabar con la tradición y buscar nuevos modelos de comunicación pero fueron aún más lejos, conscientes del papel de la tipografía en el proceso de deconstrucción del sistema de signos.

La actitud dadá apuntaba mucho más alto, hacia una completa revolución cultural; como consecuencia de la crisis histórica que les tocó vivir.

Los elementos de expresión gráfica de la catarsis dadaísta fueron recogidos por el diseño gráfico, en tal medida que no deja de resultar sorprendente la habilidad con que estos sistemas formales dejaron su huella gráfica que puede rastrearse hasta nuestros días en variados y renombrados diseñadores.

El pintor Marcel Duchamp (1887-1968) se unió al movimiento y se convirtió en su artista visual más prominente, el portavoz más claro del dadaísmo. Los actos artísticos se volvieron un asunto de decisión y selección individual. Esta filosofía de absoluta libertad permitió a Duchamp crear una escultura “ya hecha” (ready made), como su rueda de bicicleta montada en un banco de madera, y mostrar como arte “objetos convencionales”.

Si bien Duchamp, Picabia y Tzara han influenciado el diseño gráfico, la huella más profunda fue marcada por el grupo dadá alemán: Heartfield, Grosz y Höch, grandes descubridores del fotomontaje. A su lado, la revolución tipográfica debe hoy gran parte de su éxito a Kart Schwitters. En un segundo plano, los célebres collages de Max Ernest, los de Schwitters e incluso las maderas de Hans Arp, crearon modelos que el diseño gráfico y el publicitario han perpetuado hasta nuestros días.

Sobresalen entre los miembros del movimiento dos nombres que hicieron del diseño gráfico su principal actividad profesional:

John Heartfield (1891-1968), quien fue creador del fotomontaje político. Protestaba contra el militarismo alemán y su ejercito, utilizó disyunciones rígidas del fotomontaje como una potente arma de preparación del arte mecánico para la impresión en offset. Como resultado obtuvo imágenes que permitían una identificación y comprensión inmediata por parte de la clase trabajadora.

Kurt Schwitters, a quien se le deben casi todas la versiones de collages tipográficos que se han venido haciendo en el diseño. El dadaísmo fue el movimiento liberador más importante de su tiempo, y todavía en la actualidad, es posible observar su influencia. Nació como un protesta contra la guerra, pero sus actividades destructoras y exhibicionistas se volvieron más absurdas y extremas al terminar el conflicto armado. Entre los años 1921 y 1922, la controversia y el desacuerdo se dejaron ver entre sus miembros y el movimiento se dividió. Finalmente, el dadaísmo llevó sus actividades negativas hasta el límite, carecía de un liderazgo unificado y muchos desarrollaron los planeamientos que darían origen al surrealismo. Fue decayendo y dejó de existir como un movimiento coherente a finales del año 1922.

Para cerrar, como dijo Herbert Bayer: «la revolución tipográfica no fue un acontecimiento aislado sino que fue de la mano de una nueva conciencia política y social y consecuentemente, de la construcción de nuevos fundamentos culturales». Por eso, sin duda, podemos hablar de tipografía activista. 


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Para el investigador, el apasionado y el curioso

. University of Iowa / The International Dadá Archive 

(Increíble colección de publicaciones dadá escaneadas completas).

. UbuWeb / Dada, Surrealism, & De Stijl Magazines

(Complementa a la colección anterior, aquí en PDF por revista).